Mi marido se durmió borracho

 

Hola a todos. Hoy les quiero contar cómo viví una de las noches más audaces de mi vida, justo bajo el mismo techo donde mi esposo descansaba, ajeno a todo. Todo empezó con una parrillada en el patio; éramos unos diez, entre compañeros de trabajo de él y míos. La música, las risas y el vino fluyeron como un río sin fin. Para las 3 de la mañana, la mayoría se había ido, y mi esposo, vencido por la euforia del alcohol, se quedó profundamente dormido en el sofá, con la copa todavía en la mano.

Yo seguía bailando, con ese mareo dulce que te da la noche. Me encontré en los brazos de un amigo de él, un hombre de 45 años con una audacia que no había mostrado antes. Sus manos recorrían mi cintura con una confianza que me encendía, aprovechando que el "dueño de casa" estaba perdido en los sueños. A nuestro lado, otra pareja de compañeros se entregaba a sus propios deseos, y sus gemidos se volvieron la melodía de fondo que terminó de romper mis defensas. Sin pensarlo mucho, lo llevé a mi habitación; necesitaba ser consumida por esa presencia nueva y prohibida.

Lo que siguió fue una danza de sombras y sensaciones. En la penumbra del cuarto, nos entregamos a un encuentro lleno de urgencia. Me dejé llevar por su ritmo, explorando ángulos y movimientos que me hacían vibrar. Sentía cómo cada rincón de mi ser respondía a su esencia, mientras a lo lejos, el eco de mi compañera en la sala me recordaba que no era la única viviendo una noche de liberación. Rezaba para que mi esposo no despertara, pero el placer era tan intenso que el riesgo solo le sumaba fuego a la situación.

Fue un encuentro que me llevó a cimas de éxtasis que hacía tiempo no visitaba. Él me guió por un camino de sensaciones desbordantes, hasta que el clímax nos encontró en un suspiro compartido que mojó no solo las sábanas, sino mi propia percepción de la fidelidad. Antes de irse, se vistió rápido, me dio un beso cargado de complicidad y me susurró: "Esto queda entre nosotros, hermosa. Espero la próxima invitación".

Me quedé un rato en la cama, todavía recuperando el aliento, hasta que mis compañeros entraron a despedirse. Al ver el desorden y mi expresión de saciedad total, no hicieron falta palabras; ellos también venían de su propia batalla de pasión. Me confirmaron que mi marido seguía roncando y se marcharon.

Al día siguiente, cuando él entró a la habitación pidiendo disculpas por haberse dormido temprano, yo solo pude regalarle una sonrisa tranquila. "No pasa nada, mi amor, todos se fueron y yo me vine a acostar", le dije. El secreto de esa madrugada quedó guardado bajo las sábanas húmedas que pronto irían al lavarropas.

¿Querés conocer los detalles más profundos de este encuentro y qué pasó la próxima vez que nos cruzamos con ese amigo en una cena familiar?

Te invito a mi rincón privado, donde vas a encontrar audio-relatos y escritos sin censura para que no te pierdas ni un solo suspiro de estas confesiones: https://confesionessecretas.com


Comentarios

  1. QUE AFORTUNADO SENTIR COMO TERMINAS Y MOJAS TODO CON ESE CALOR DE TUS JUGOS

    ResponderBorrar
  2. muy rico esté tipo de relatos

    ResponderBorrar
  3. Excelente relato.
    Me gusta mucho

    ResponderBorrar
  4. Tengo muchos relatos que contar como de cuatro años que compartí a mi esposa ,,la primera vez me dijo que solo besos y abrazos recibió a mi amigo muy sexi y el la mansión chido se la quería cojer y no la creí capas ese día le hizo una cachetada ..la segunda se dejó cojer y le pregunté desias que no y me contestó muy coqueta para que lo traes ahora te sguantas

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas populares